El debate en el Congreso de los Diputados sobre la inversión en Defensa acabó este miércoles después de varias horas con pocos titulares y menos novedades. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, evitó de nuevo dar detalles sobre su hoja de ruta, tan solo adelantó un plan para potenciar a la industria, aunque sin concretar los términos. Por su parte, la oposición y los propios socios de Sánchez no hicieron más que reafirmar sus posturas. El PP insistió en que los planes deben pasar por el Congreso, mientras que Sumar confirmó que no ve con buenos ojos el aumento: “No equivale a más seguridad”.
Con las posturas muy claras, los mensajes de Sánchez estaban más dirigidos a la opinión pública que al resto de partidos presentes en la Cámara Baja. Su intervención está repleta de referencias, o más bien llamada de atención, sobre las amenazas a las que tendrá que hacer frente España en los próximos años en un contexto geopolítico muy complejo.
Algo que no es casual. El Eurobarómetro refleja la escasa preocupación de los españoles por la defensa, a pesar de la guerra de Ucrania, la inestabilidad en Oriente Próximo o las presiones de Estados Unidos para invertir más. El último informe revela que solo el 20% de los españoles sitúan la defensa entre las prioridades a tratar por la Unión Europea; 16 puntos por debajo de la media de los estados miembros y muy lejos de la percepción de otros países miembros del este como Lituania (56%), o nórdicos, Dinamarca (52%). España comparte porcentaje con Malta. Los dos países menos preocupados por estas cuestiones, de acuerdo con el Eurobarómetro.
Ejemplos de amenazas híbridas
Sánchez ligó durante todo su intervención la "defensa" a la "seguridad", al tiempo que subrayó que la inversión en defensa no implica tocar el gasto social. El presidente del Gobierno habló abiertamente de "amenazas híbridas", un concepto reservado hasta hace no mucho a los círculos militares, y de la estrategia de Rusia para crear inestabilidad con ataques cibernéticos a infraestructuras críticas, el uso de las redes sociales "para polarizar a la población" o el empleo de "fuerzas paramilitares para sabotear cadenas de suministro e instrumentalizar los flujos migratorios".
Durante distintas fases de su discurso, Sánchez pareció más interesado en convencer a la sociedad, que a los presentes en el hemiciclo. "Quiero trasladar una idea clave a la ciudadanía", puntualizó en un momento de su intervención, para poner el foco a continuación en los desafíos a la seguridad en Europa y en España.
"Las amenazas híbridas están creciendo y supone un riesgo real al que no podemos mirar para otro lado. No podemos vivir bajo la amenaza de que cualquier día un submarino no tripulado bloquee el tráfico marítimo en el Estrecho o corte los cables de fibra que nos conectan con el mundo o que un grupo de hackers extranjeros hagan colapsar nuestros aeropuertos", resaltó el presidente del Gobierno. Por ello, insistió, es el momento de "ampliar y modernizar los sistemas de seguridad para neutralizar las amenazas híbridas".
El modelo de Airbus
También destacan, entre los mensajes, la referencia expresa del presidente del Gobierno a Airbus como modelo de "consorcio industrial paneuropeo" al que hay que mirar para desarrollar otras alianzas entre empresas en Europa.
Pero más allá de frases, la realidad es que el debate parlamentario refleja, una vez más, que las posiciones entre las principales fuerzas políticas están muy alejadas, lo que dificulta cualquier acuerdo sobre la defensa. Y el tiempo corre ya en contra de España.
Buena parte de los socios europeos ya han definido sus planes, mientras que en casa el debate no termina de superar la 'pelea' política. En el contexto actual, coinciden todos los analistas, es clave la 'altura de miras' para un pacto de Estado en España junto con liderazgo y una estrategia clara en Europa para que la industria española no pierda el tren de las inversiones. "Un tren de esos que solo pasa una vez", remarcan desde el sector.