¿Una estrategia apropiada?
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¿Una estrategia apropiada?

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Línea de montaje del A330 MRTT de Airbus en Getafe. Foto: Airbus
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El día 7 de junio el Boletín Oficial de Defensa ha publicado una resolución en la que se aprueban las directrices generales de la Estrategia Industrial de Defensa 2023.

La lectura de esta resolución ofrece escasa novedad, pues trata sobre principios y políticas bien conocidas y practicadas por el Ministerio de Defensa desde hace tiempo. En efecto, ligar las necesidades de medios para llevar a cabo la defensa, es decir capacidades militares, con políticas que fomenten nuestro tejido tecnológico e industrial es una regla tradicionalmente empleada para abastecer a nuestras fuerzas armadas.

Aunque hay otros documentos que anteriormente han tratado este asunto, esta resolución hace hincapié en algunas cuestiones importantes necesarias para lograr un sector eficiente, entre las que se incluyen:

-La adecuada colaboración institucional de las administraciones.

-El fomento de la innovación y de la competitividad, incluida la venta al exterior.

-La atracción y retención de talento, así como la generación de empleo.

-La adecuada colaboración entre la administración y las empresas.

-La aplicación de las tecnologías civiles al ámbito militar, así como la explotación de las tecnologías militares en el ámbito civil.

-La cooperación internacional incluido el aprovechamiento de las ayudas procedentes de la UE.

-La disminución de la dependencia de proveedores externos.

-La sostenibilidad del sector y el fomento de la cohesión territorial.

Sobre estos temas se trazan diez ejes estratégicos o grandes líneas de acción sobre cuyo desarrollo el documento, desafortunadamente, no ofrece más detalles.

Ciertamente, la adecuada gestión de las cuestiones citadas resultará clave para el sector de la defensa, pues facilitará el buen suministro de los medios y servicios que se precisan y potenciar nuestro tejido industrial. Sin embargo, solo se hace un esbozo de estas cuestiones y no se profundiza en las mismas, algo que parece que será objeto de un futuro documento.

En este sentido, se trata de un documento marcadamente político que expresa una clara voluntad, aunque no desconocida, en esta materia, por lo que habría poco que objetar sobre este texto.

No obstante, es en la forma en que se materialicen estos principios donde realmente pueden aparecer problemas y dificultades de compleja resolución, pues como dicen los ingleses “el diablo está en los detalles”. En efecto, alcanzar objetivos en un asunto puede reducir la consecución de otros, por lo que sería necesario establecer prioridades o soluciones intermedias, ya que no será posible maximizar simultáneamente todos los objetivos. Por citar algunos ejemplos, la cooperación internacional puede facilitar la obtención de ciertos medios, pero también los programas conjuntos crean una dependencia de socios externos que puede reducir la autonomía estratégica nacional. El fomento de la innovación puede suponer importantes inversiones cuyos resultados pueden ser bastante aleatorios e inciertos sin mejorar la competitividad del sector, en especial cuando otras naciones invierten más en este asunto. La distribución de ayudas a grandes empresas puede ir en detrimento de pymes, que tradicionalmente suelen ser más innovadores. 

La atracción de talento puede privar de recursos humanos, siempre escasos, a otros sectores económicos que los precisan con urgencia y tiene también buenas capacidades exportadoras. Las tecnologías militares pueden tener una escasa aplicación en el sector civil o precisar de largas y costosas inversiones para ser rentables en dicho sector, pero ser claves para ciertos sistemas de armas. Las inversiones de defensa suelen tener un largo ciclo de amortización, cuya rentabilidad (y sostenibilidad) puede quedar comprometida ante un cambio geopolítico que disminuya las amenazas y riesgos y, por lo tanto, los recursos asignados a la defensa. La creación de alianzas a largo plazo entre defensa e industria puede generar involuntariamente monopolios que reduzcan la deseable competitividad entre las empresas que garantice una mayor variedad y la elección de soluciones más eficientes. En resumen, solo la materialización de esta estrategia en un documento que describa la forma en que se van a lograr estos principios puede permitir su análisis en profundidad.

Y, es en este tema, en el “cómo” donde sí hay aspectos en los que este documento no hace suficiente énfasis. En efecto, la escasa mención a las políticas de la Unión Europea en el sector de la Defensa sugiere un escaso alineamiento con estas políticas. Se trata de, un aspecto esencial, pues solo a través de dichas políticas europeas, existe la posibilidad de resolver algunos de las debilidades que tiene nuestra industria (y la de otros estados miembro), solución que solo es posible en el marco de la Unión Europea, donde todavía es factible explotar las importantes economías de escala de este sector cuando se produce para toda Europa y alcanzar, de esta forma, una razonable autonomía estratégica.

En efecto, la obtención de medios avanzados para la defensa requiere hoy en día de una base tecnológica e industrial que sobrepasa ampliamente las fronteras de cualquier nación, pues requiere de una gran acumulación de conocimiento y recursos para hacer factible cualquier suministro sofisticado de medios. La complejidad tecnológica e industrial de las cadenas de suministro de los equipos y sistemas de defensa actuales requiere la colaboración de varias naciones y es en ese marco donde el Ministerio de Defensa y la industria deben moverse decididamente si quieren ser ganadores. El futuro de los medios de defensa y de la industria pasa por colaborar decididamente con nuestros socios europeos en estas materias. Se trata, como diría Kant de un imperativo categórico, del que no podemos, desde la razón, zafarnos.

En la resolución de la Secretaría de Estado podemos observar un escaso eco de esta necesidad de alineamiento, y apenas menciona los instrumentos que los Estados Miembro, en colaboración con la Comisión, están lentamente desarrollando con este fin y que ciertamente van a perdurar. Así, la Cooperación Estructurada Permanente (Pesco, en inglés), la Revisión Anual de Capacidades de Defensa (CRAD), los Planes de Desarrollo de Capacidades (CDP) que tendrán un severo impacto sobre las futuras adquisiciones y, por ende, del sector no se comentan en ningún momento.  

La estrategia para participar en los complejos proyectos de investigación y desarrollo conjuntos que van a precisar muchos sistemas de armas y poder así recuperar las cantidades que España aporta al Fondo Europeo de Defensa y que son clave para financiar dichos programas pasa también desapercibida. Y tampoco se habla de las nuevas leyes y reglamentos en ciernes como son el Refuerzo de la Industria Europea de Defensa a Través de Compras Comunes (Edirpa), el Programa Europeo de Inversiones en Defensa (EDIP) o la Ley en Apoyo de la Producción de Munición (ASAP) que van a estar igualmente dotadas de ayudas económicas de la UE. Otras iniciativas europeas relacionadas como el aseguramiento de materias primas para la defensa o productos intermedios deberían tenerse igualmente en cuenta en esta estrategia.

Ciertamente, avanzar en la autonomía estratégica de Europa requiere, hoy más que nunca, de la colaboración de todos los europeos y, en particular, de sus Estados Miembro. En este momento, las políticas industriales nacionales deben de estar bien alineadas con las políticas y estrategias europeas, ir en la misma dirección y aprovechar los instrumentos y recursos disponibles, y no quedarse al margen, manteniendo una visión excesivamente doméstica. Esperemos que el desarrollo de esta Estrategia Industrial de Defensa 2023 realmente dé una respuesta, en términos organizativos, procedimentales y técnicos, congruente y coherente con las políticas e instrumentos de la Unión Europea, un elemento que parece esencial para alcanzar los objetivos que se pretenden alcanzar.




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